Antes del Mundial de Alemania, no eran demasiados los españoles que habían oído hablar del peculiar Andrés Montes, comentarista de la NBA en Canal Plus, que convertía cada retransmisión en un auténtico espectáculo.
Con Antoni Daimiel como pareja de baile, acompañó las noches en vela de los amantes del mejor baloncesto desde 1996 hasta el pasado mes de abril, cuando anunció su fichaje por la Sexta. Sus dirigentes apostaron fuerte por este madrileño de cincuenta años, convirtiéndolo en la punta de lanza de la creciente apuesta por el fútbol de la nueva cadena.
El campeonato del mundo fue la rampa que le lanzó a la fama. Formando pareja al micrófono con el ex-jugador Julio Salinas, Montes revolucionó la forma usual de narrar el fútbol, dotando a las retransmisiones de un sabor especial. Como resultado, su nombre empezó a estar en boga a los pocos días de comenzar el torneo. La mayoría de la gente se preguntaba de dónde había salido semejante personaje, al hilo de la sorpresa que les producía su aspecto (y sus comentarios) :tez morena, cabeza afeitada al cero, gafas poco convencionales, camisas únicas y la pajarita ejerciendo de inseparable complemento para tan peculiar indumentaria.
Su histriónica manera de vivir los encuentros no tardó en ganar muchos adeptos, al igual que más de un crítico. Lo paradójico del caso era la coincidencia en los motivos que esgrimían unos y otros para amarle u odiarle, respectivamente. Los apodos que ponía a los jugadores, su amplio anecdotario personal, las canciones que intercalaba en la narración de los partidos, o algunas frases lapidarias ( "la vida puede ser maravillosa", "fútbol, pasión de multitudes") pronunciadas con gran reiteración, le convirtieron, para bien o para mal, en el centro de atención. Escuchar las retransmisiones mundialistas equivalía a vibrar entre risas con el partido o, por el contrario, a desgañitarse con su verbalización acelerada y sus comentarios poco convencionales. El Mundial no trajo, como viene siendo habitual, buenas noticias para la selección, pero permitió el descubrimiento de todo un fenómeno. Ahora mismo, sus frases más célebres se escuchan por todas partes.
Pero el fenómeno estaría incompleto sin su compañero de fatigas en la actualidad, Julio Salinas. Sus diálogos, al compás del archimanido "díme algo, Salinas", se han convertido en todo un clásico de la pequeña pantalla. Incluso se han permitido el lujo de rebautizar el juego de toque,preciosista, con el nombre de tiki-taka. Y no es descabellado pensar que la combinación de estos dos cracks producirá en un futuro nuevas expresiones y palabrejas semejantes, para deleite de sus incondicionales.
Pero Julio Salinas no ha sido el único afortunado. Otros ex-futbolistas, como Albert Ferrer o Kiko Narváez han compartido escenario con Montes en los últimos meses, y siguen haciéndolo cada fin de semana en las retransmisiones de la Liga. Asimismo, Juanma López Iturriaga y Juan Domingo de la Cruz, ex-jugadores de la selección española de baloncesto, estuvieron a la vera de Andrés en agosto y septiembre, en esta ocasión viviendo la proeza en Japón de "los chicos de oro" .
Personalmente, me considero un fan de Andrés Montes, pero entiendo que su estilo poco ortodoxo exaspere a muchos. Lo que está claro es que no deja indiferente a nadie, y ese es sin duda su gran triunfo, sobretodo si nos fijamos en los comentaristas de otras cadenas. Te podrá gustar más o menos, pero al menos no le escuchas como quien oye llover. Y de paso, echas unas risas con él. ¡Vaya Crack!
La violencia y el deporte deberían ser en virtud de su propio concepto, términos, si no contradictorios, sí profundamente distanciados entre sí. Nunca tendrían que relacionarse, y sin embargo, sus caminos se cruzan con una alarmante frecuencia.
El deporte, en especial el fútbol, es un espectáculo que mueve a masas ingentes de personas, que lo consideran poco menos que una religión. El problema es la poca distancia que existe entre la pasión desproporcionada y el fanatismo violento.
Esto último no quiere decir, ni mucho menos, que los aficionados que viven con intensidad los partidos de su equipo o selección sean unos delincuentes en potencia. Sólo pretendo alertar sobre el riesgo (ya experimentado por el autor de estas líneas) de sacar de contexto un simple deporte y convertirlo en una cuestión de vida o muerte.
La identificación con unos colores es positiva, pero en su justa medida. Si no se encuentra el límite a esa afición, existe la posibilidad de que afloren ocasionalmente los comportamientos más primarios . Si esto ocurre, el siguiente paso es entrar en una peligrosa espiral basada en la pérdida paulatina del control sobre nosotros mismos. Y desgraciadamente, demasiada gente se encuentra metida de lleno en esa espiral.
Pero el grupo más numeroso está compuesto por los forofos que se inmiscuyen tanto en el encuentro del equipo de sus amores, que lo ven como si de una batalla se tratase. Si compite su equipo, juegan ellos (o ellas, aunque en menor medida). En nombre de su equipo, se permiten la licencia de batir plusmarcas de palabras malsonantes por minuto, aunque se encuentren sus hijos pequeños delante (¡Qué gran ejemplo!). En nombre de su equipo, vuelan mecheros, botellas, e, incluso, cabezas de cochinillo. En nombre de su equipo montan desagradables espectáculos en los bares de turno, o están insoportables el día después en el trabajo (y en su casa) si sus jugadores (menuda presión han de aguantar cada semana) pierden.
Si todos nos empezamos a comportar de una manera más cívica, los violentos citados en las primeros párrafos no encontrarán acomodo en los estadios. Por el contrario, mientras el borreguismo siga de moda entre los aficionados, los delincuentes se sentirán como pez en el agua.
No pido que los partidos parezcan funerales. Pero hay un término medio entre un silencio digno de una representación teatral y el ambiente que se respira en la mayor parte de los campos y canchas. No es una guerra. Sólo se trata de un partido, ya sea de fútbol, de baloncesto o de cualquier otro deporte. Reflexionemos.
La concesión del Balón de Oro al defensa del Real Madrid y la selección italiana Fabio Cannavaro, ha originado una gran polémica en todo el panorama futbolístico. En los últimos días, los artículos de opinión de los periódicos deportivos no han versado sobre otro tema. Los blogs se han llenado de comentarios de los aficionados al respecto. Asimismo, jugadores, entrenadores, e, incluso, algún presidente, se han lanzado a ofrecer su punto de vista sobre la elección del central.
En general, la opinión pública no ha sido muy benévola con Cannavaro, lastrado por su mal arranque de temporada con el Madrid. Además, justo antes de recibir el galardón, en la misma jornada en la que el defensa cuajó un discreto partido contra el Valencia, Ronaldinho se inventó un gol imposible contra el Villarreal. Y claro, las comparaciones son odiosas.
No obstante, en esta entrada quiero mostrar mi más firme apoyo a la elección de la revista France Football. En mi opinión, Cannavaro ha hecho méritos como el que más para llevarse el premio. La pasada temporada, fue el eje de la zaga de la Juventus, posiblemente la defensa más fuerte de Europa. La "Vecchia Signora" ganó el Scudetto, aunque luego le fue arrebatado en los despachos por el famoso "Caso Moggi", que mandó a la Juve a la serie B. Sin embargo, escándalos aparte, no conviene olvidar que en todo momento dio la sensación de ser el mejor equipo del campeonato. Y gran parte de la culpa fue de Fabio.
Mención aparte merece el Mundial, donde Cannavaro estuvo imperial. Desde niño soy un gran aficionado al fútbol, y puedo asegurar que pocas veces he visto una exhibición defensiva semejante a la que protagonizó el italiano durante todo el campeonato. Estuvo perfecto en todo los aspectos...sin hacer apenas faltas. Increíble para un central. Además, como capitán de Italia protagonizó el momento estelar, al levantar la copa que coronó a la escuadra "azzurra" como campeona del mundo.
Es cierto que en el Real no estamos viendo al Cannavaro "italiano". Salvo en contados partidos, no ha dado la seguridad en la retaguardia que se espera de él. Jugadores como Carew o Messi le han dejado en evidencia, hasta el punto que hay aficionados que se preguntan si este es el futbolista del Mundial y del "Calcio" o uno que se le parece físicamente. Pero no olvidemos que el Balón de Oro se gana en los momentos cumbre de la temporada, y ahí "il bello" estuvo colosal.
La mayoría de los aficionados discrepa en que el trofeo vaya a parar a las vitrinas de un defensa. Por ello, conviene recordar que los zagueros, aunque no hagan chilenas o regates que quiten el hipo, son igual de futbolistas que los centrocampistas o delanteros. Si su trabajo es evitar que el contrario marque en la portería que defienden, y lo hacen a la perfección, no veo la razón para vetar sistemáticamente su candidatura a este tipo de premios. Además, lo delicado de su demarcación les obliga a una mayor intensidad y concentración que el resto de jugadores. Es obvio que en su puesto, un error es fatal.
Sin duda, futbolistas como Deco o Henry eran preferidos por los aficionados, pero ninguno ha hecho más méritos este año que Cannavaro, mal que les pese a muchos. Lo único que lamento es la poca frecuencia con la que estos reconocimientos van a parar a los defensas. Y no digamos a los porteros, aunque este año Gianluigi Buffon fue el segundo en las votaciones. Es de justicia saber apreciar cuando un zaguero o un portero realiza bien su trabajo, al igual que reconocemos la labor del delantero o del centrocampista "jugón".
Por si fuera poco, Cannavaro se perfila como posible ganador del FIFA World Player. Es, junto con Ronaldinho y Zidane, uno de los finalistas, y quizás el que más papeletas tiene para llevarse el gato al agua.
A partir de ahora, lo único que espero es que el italiano empieze a cerrar bocas, volviendo a ser el jugador del Mundial y de la Juve. El Madrid y el fútbol español lo agradecerán. ¡Felicidades Fabio!
27 de junio.Francia, un equipo al que no dudamos en menospreciar los días previos al partido, saca los colores a la España de los "jugones". A casa en octavos.
7 de octubre.La selección pierde en Suecia 2-0. Este tropiezo, sumado al anterior contra Irlanda del Norte, coloca a los españoles en una preocupante situación dentro de la fase de clasificación para la próxima Eurocopa.
España entera, futbolísticamente hablando, se ha sumido en una profunda depresión. Los jugadores están apáticos, el seleccionador, diga lo que diga, parece incapaz de solucionar el problema,y la Federación mira para otro lado. El horizonte está lleno de nubes,y,lo que es peor, no parece haber lugar para el sol, al menos a corto plazo.
Casillas, Puyol, Xavi, Iniesta o Villa son jugadores que se encuentran al más alto nivel. Junto a ellos, futbolistas de capital importancia en sus equipos, como Fernando Torres, Albelda,Pablo o Sergio Ramos. Por no hablar del ahora denostado Raúl, del lesionado Reyes, o de jugadores que nunca han sido muy apreciados por Luis Aragonés, pero que tienen calidad más que suficiente,como Guti, Morientes o Joaquín. Que con estos mimbres no se construya un buen cesto es algo que roza lo paranormal.
Para explicar esto último,cada aficionado tiene su teoría. Unos dicen que no somos competitivos, otros que falta compromiso de los jugadores, el de más allá que Luis no da la talla...personalmente, pienso que hay que repartir culpas. A los jugadores (algunos se deberían quedar en remojo unas cuantas convocatorias), al entrenador (a Aragonés se le ha ido el equipo de las manos), y, por supuesto,y más que nunca, a la cúpula de la Federación. Si buscamos el porqué de tantas decepciones, quizá habría que empezar mirando hacia arriba, y exigir responsabilidades de una vez a Villar y su equipo. A grandes males, grandes remedios, y puede que la solución pase por una remodelación a fondo de las estructuras federativas, creando un entorno adecuado para el nuevo seleccionador y los jugadores, aunque creo que estoy pidiendo demasiado. Es más fácil despegar a un entrenador del banquillo, que a un directivo de su silla, pero la esperanza es lo último que se pierde.
Ayer ganamos a Argentina,pero no nos engañemos: jugamos mejor que el sábado, pero el rival vino a Murcia de turismo.Eso sí, por algo se empieza.
Hasta marzo, fecha en la que se disputa contra Dinamarca el siguiente encuentro de clasificación, hay tiempo para que todos reflexionemos. Si en el césped, en el banquillo y en los despachos se empiezan a hacer las cosas como Dios manda, igual para entonces el aficionado español vuelve a sonreír, si no...
La lechuza se eleva sobre las copas de los árboles mientras la noche se extiende bajo sus alas. Sus penetrantes ojos, a salvo ya de los fulgores del sol, son capaces de apreciar el paisaje en su conjunto. No hay detalle que escape a su mirada.
En este blog se busca una "visión de altura" de la sociedad y la cultura en la que vivimos para profundizar mejor en sus problemas. Os invitamos a que ascendáis con nosotros...