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La Coctelera

La lechuza

...El ave de Minerva alza su vuelo al atardecer... (Una visón crítica de la sociedad Contemporánea)

Categoría: Rafael Dawid de Vera

13 Enero 2007

¿Y ahora qué?


Se dice que el orgullo humano se ha llevado tres grandes varapalos: el primero lo propinó Copérnico con su toría heliocéntrica. Hasta entonces la Tierra había sido el centro indiscutible de todo el universo conocido; embebidos que estábamos de aquella soberbia astronómica la idea de que nuestro planeta ocupaba una posición excéntrica era descorazonadora, tanto que la nueva cosmovisión fue rápidamente demonizada. El segundo golpe vino a darlo Darwin al demostrar el verdadero origen de las especies. El homo sapiens, según su obra magna, resultaba ser uno de tantos productos del devenir biológico, azaroso y ciego, que llamamos evolución. Pero, por lo visto, sabernos criaturas de Dios resulta más confortante que aceptar nuestra subordinación a la inmisericorde vorágine de la supervivencia. La reacción contra el evolucionismo, como cabía esperar, fue muy dura, y a Darwin no le faltaron enemigos durante el resto de sus días. Luego vino Freud, y arremetió contra la conciencia, el principal subterfugio de la libertad, así, toda su obra se aplica en demostrar que el "yo" no es más que una frágil balsa sobre el turbulento subconsciente. Y por si fuera poco ahora llegan los neurofisiólogos asegurando que aquello que llamamos alma o sujeto no es más que un entramado de complejas relaciones neuronales que necesariamente se sustenta en un cerebro vivo, y no solo eso, también argumentan que lo que se conoce como bien común no es más que una imagen idealizada del bien propio.

La ciencia presenta pruebas, hipotéticamente irrefutables, que dan por tierra con nuestras grandes esperanzas. Somos mortales, sí, pero es que ni siquiera nos queda el altruismo o una supuesta voluntad desinteresada para consolarnos. Tampoco podemos mirar a los demás animales por encima del hombro, como solíamos, ni contemplar las estrellas con confianza. Si acaso aún nos quedase la libertad, o el amparo divino... pero también han sido desmentidos. Todos somos testigos, y víctimas, de los estragos que provoca el materialismo vulgar y ese relativismo superficial propugnado por perezosos mentales y cenizos, pero también podemos escuchar las voces, todavía ilusionadas, de muchos hombres y mujeres que, dispuestos a levantar ideales nuevos, se preguntan: ¿Y ahora qué?

A la raza humana nunca le han faltado razones para el optimismo, hoy no va a ser menos. Siempre ha habido quienes, en medio de terribles apagones existenciales, han sabido encontrar una luz nueva hacia la que guiar a sus semejantes. Desde luego, siempre es más facil sentarse y lloriquear esperando a que alguien la encienda, pero eso no arregla nada. Debemos aceptar que los valores son mutables, y que nosotros nos transformamos con ellos, la resitencia al cambio, que en definitiva no es más que miedo a lo desconocido, no justifica la desesperanza. "La suerte es de los audaces", decía un famoso latino cuyo nombre no recuerdo. Es cierto: la humanidad avanza cuando confía los pasos a sus exploradores, no sólo a aquellos que abren nuevas rutas espaciales, también a quienes se aventuran a cruzar las fronteras del saber y la moral. Lo que hoy sabemos de nosotros mismos es el legado de esos seres excepcionales, y de otros que supieron consolidarlo y transmitirlo, es el resultado de un proceso accidentado y a menudo sangriento, no debemos despreciarlo. Sobran prejuicios timoratos a la hora juzgar el nuevo conocimiento, un conocimiento que, por otra parte, posee raices inveteradas. Atrevámonos de una vez a ser honestos.

El verdadero reto consiste en integrar socialmente lo que sabemos sin perjudicar nuestras prácticas comunes y las instituciones que de ellas se derivan. Si bien ciertas creencias, hoy renqueantes, contribuyeron a apuntalarlas, no hay por qué temer que se desplomen sin su apoyo. Fueron necesarias, sí, para levantar el mundo que conocemos, pero ahora éste bascula sobre su propio eje, ¿por qué íbamos a necesitarlas? Ante esta sola idea es muy común que se desate el temor de quienes no sabrían prescindir de ellas, y el resultado es de sobra conocido: el fanatismo. Por ejemplo, hay quien está convencido de que abolidos Dios, su perdón y su pecado, el hombre se convierte en un ser miserable que pierde para siempre el norte de su vida. ¿Pero acaso no sabemos encontrar nuevos horizontes?

Ésta, creo yo, debe ser la labor conjunta de científicos y filósofos: encajar el golpe, revalorizar lo humano. No podemos permitir que se salgan con la suya quienes aseguran, a fuerza de miedo, que el precio del autoconocimiento es nuestra dignidad.

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2 Diciembre 2006

Frank Miller en la Wikipedia


Frank Miller es un prohombre en el mundo del cómic, su lápiz ha servido a Batman, Dare Devil, Elektra... y es autor de famosas novelas gráficas como Syn City y The 300, ambas llevadas a la gran pantalla.

El artículo que le dedica la Wikipedia es bastante pobre... Apenas nos ofrece su biografía y olvida muchas de sus obras y colaboraciones. En la zona de discusión se exige una enmienda que ya ha sido realizada. No hay más comentarios. La ausencia de una plantilla de mantenimiento da a entender que el asunto no ofrecce ningún conflicto, y el historial registra un año de pequeños retoques y correcciones.Las versiones inglesa y francesa detallan más la vida del dibujante y su bibliografía.

Se echan de menos enlaces externos más actuales, el de la Web oficial del film "The 300", por ejemplo, basado en su obra homónima y proximamente en las carteleras. Tampoco estaría de más un acceso al "site" de DC cómics, organismo en el que Miller comenzó sus trabajos. No existen enlaces internos, pero sería útil alguno que condujese a artículos relacionados con los personajes a los que el autor animó, y que sí cuentan con amplias referencias.

En cuanto a otras enciclopedias, apenas prestan atención a este autor. La enciclopedia Encarta y la Britannica ni siquiera lo mencionan de pasada. Lo bueno de la Wikipedia es que, al ser un espacio público no controlado por eruditos, da cabida a artistas marginales como éste.

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2 Diciembre 2006

¡Shhhhhhhh!...


La página en blanco invita al silencio y la reflexión... Es una suerte poder zafarse del ajetreo cotidiano, sentarse delante del ordenador y escribir: ayuda a ordenar ideas, e incluso a desarrollar otras nuevas, pero a veces da miedo. Para una mente despierta el vacío que precede al texto es sólo aparente, está cuajado de temas virtuales, pero si algo nos aturde ocurre algo bien distinto: ese mismo vacío causa vértigo, la palidez del papel descubre una vorágine de posibilidades que provoca náuseas. Emprender entonces un escrito equivale a dar un salto de fe, por mi parte, irrealizable. Es por eso que cuando escribo evito distracciones.

Sin embargo, el mundo no quiere ponérmelo fácil. Me refiero al ruido: a esa sucesión de cacofonías que me persigue de la mañana a la noche (coches, timbres lavadoras y demás...), al alboroto que suelen levantar las muchedumbres y, en general, a cualquier sonido que prefiero no escuchar (las canciones de ciertos artistas inclusive). Todos somos portadores de un discurso interno, más o menos prolífico, que conviene preservar. Si permitimos que se enturbie su redacción será más difícil, pues la escritura es pensamiento gráfico.

El ruido ralentiza el diálogo solitario en que consiste toda labor intelectual de primer grado, se interpone entre el "yo" y el "tú" interiores dificultando su acercamiento y, finalmente, lo impide. No sólo nos confunde, nos vacía. El silencio, en cambio, lubrica el engranaje de la razón favoreciendo su actividad y es, además, un espacio para el encuentro con uno mismo,lugar, por desgracia, cada vez menos transitado. Siempre que el ruido cesa se presenta una oportunidad para desarrollar libremente el pensamiento y la imaginación, pero como la intimidad se manifiesta entonces con más fuerza, y tenemos que vérnoslas a solas con nuestras dudas y temores, en ocasiones nos asustamos y huimos.

El silencio no es soportable para todos, por eso es necesario su ejercicio. Hay que aprender a enriquecerlo, a decorar su interior, hacerlo nuestro, si no puede llegar a resultarnos desagradable. El ruido, por el contrario, no exige una búsqueda, ya que se impone constantemente desde fuera. Algunas personas, sorprendentemente, parecen necesitarlo: frecuentan aglomeraciones, discotecas, hablan a gritos, no escuchan, se enquistan auriculares... Y es que el ruido, como cualquier droga, es un lenitivo que ayuda a diluir sus problemas...

Porque el silencio es un espejo en el que no quieren reflejarse.

Tags: ruido

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23 Noviembre 2006

¿Quién teme a Google?


El problema de algunas instituciones es que a veces prosperan tanto que olvidamos su origen humano y a las personas que las controlan. No debemos olvidar que ningún organismo, por mucho poder que tenga, puede subsistir por sí solo. Si lo hacemos enseguida nos acomete un temor reverente parecido al que suscitan las fuerzas de la naturaleza.

No creo que Google sea un monstruo, pensamientos así suelen ser producto de una imaginación excitada por el miedo. A los niños las sombras nocturnas se les antojan fantasmas, a nosotros nos parece que Google tiene vida propia. Nos asusta porque pensamos que ha perdido su humanidad primitiva y puede volverse en contra nuestra.

El cometido de Google consiste en procurarnos información de manera cómoda y rápida, no sólo lo cumple satisfactoriamente, sino además de forma gratuita (pues se subvenciona gracias a la publicidad); no contento con eso también ofrece otras prestaciones, como un examen detallado de la superficie terrestre y un servicio de estadísticas. Mientras permanezca fiel al objetivo que justifica su existencia podemos sentirnos seguros.

Google, como cualquier empresa, pretende obtener beneficios, pero sería un problema que en su orden de prioridades el lucro desplazase al interés por satisfacer las demandas de sus usuarios (porque lo cierto es que éste buscador desempeña una importante labor social). Si esto ocurre cualquier operación, con tal de ser rentable, estaría justificada. Google podría entonces, según sus intereses, marginar o restringir el acceso a ciertas informaciones. En tal caso, espero, depositaríamos nuestra confianza en alguna otra compañía.

Claro que primero habría que enterarse.

Tags: google

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22 Noviembre 2006

Un juego muy "real".

Dave se levanta temprano y trabaja todos los días de 5 a 6 horas, en su tiempo libre le gusta ir de compras, viajar, o tomarse unas copas mientras conoce a gente nueva o escucha música en vivo en algún bar. Podría decirse que es un ciudadano normal, de no ser porque acostumbra a desplazarse de un lugar a otro volando.

En realidad Dave es un usuario de Second Life, un mundo virtual en el que miles de personas se relacionan, se divierten y hacen negocios, accesible a cualquiera que disponga de un ordenador, una conexión a Internet de banda ancha y esté dispuesto a pagar una cuota 7 euros mensuales.

El programa ofrece a sus compradores la posibilidad de llevar una vida paralela en un universo poligonal al que se accede a través de un interfaz que recuerda al de los Sims. Allí son representados por dobles o "avatares" cuya apariencia va personalizándose a lo largo del juego. Los habitantes de Second Life pueden comprar ropa y complementos para sus "alter ego" virtuales, e incluso modificar sus rasgos físicos. También se les ofrece la posibilidad de decorar sus viviendas a placer, así como de interactuar con sus vecinos con total libertad, siempre que respeten las reglas básicas de educación y no cometan ningún delito. Second Life tiene sus normas, si se transgrede alguna de ellas la pena es la expulsión de la comunidad.

El triunfo de Second Life, que claramente demuestra su millón de usuarios, se debe a que es algo más que un simple juego, ya que, además de haber transformado el modo de concebir las relaciones humanas por Internet es un terreno prometedor para multitud de empresas y organizaciones ávidas de beneficios.

El caso que desató esta particular "fiebre del oro" fue el de la japonesa Anshe Chung, que llegó a ganar 250.000 dólares especulando con terrenos virtuales. Y es que vivir en Second Life tiene su precio, hay que gastarse el dinero en ropa, complementos, menaje, mobiliario, incluso se plantea que los jugadores paguen impuestos. Este pequeño "universo" alternativo, que tiene el tamaño de la ciudad de Boston, tiene su propia divisa, el Linden Dólar, que está establecido en cien dólares reales. Hay bancos que ya han abierto una sucursal en Second Life y algunas multinacionales, como Adidas, están comercializando sus productos allí junto a un ejército de diseñadores gráficos (agrupados en clanes) que se dedica a vender sus creaciones a los avatares. La agencia Reuters, que también tiene su clon virtual, informa a los usuarios acerca de todo lo que ocurre en el juego.

Por todo el mundo se han levantado voces agoreras que pronostican que la realidad virtual es el futuro y que, dentro de unos años programas como éste formarán parte de nuestras vidas. Así, para ir a la oficina, asistir a un concierto o casarse no hará falta salir de nuestras casas porque podremos hacerlo cómodamente a través de la Red. Los límites de la objetividad tal vez lleguen a dislocarse para incluir estas nuevas prácticas.

Dicen que la virtud del buen jugador consiste en distinguir el juego de lo que no lo es, ¿será eso posible para entonces?

Página oficial de Second Life

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16 Noviembre 2006

El lobo estepario


A veces, al leer un libro, sentimos una complicidad especial con el autor que convierte cada una de sus frases en una dedicatoria exclusiva. Son esos títulos que siempre recordamos, esos personajes que podrían haber llevado nuestros nombres...

El Lobo Estepario, magistral novela de Hermann Hesse, es una de esas lecturas memorables, un alegato contra la cordura donde lo onírico transgrede la realidad continuamente y el humorismo se revela con toda su fuerza salvadora.

Su protagonista, Harry, es un bohemio perspicaz y taciturno, un hombre atrapado en la Alemania de entreguerras que se debate con los caducos valores burgueses de una sociedad a la que adora tanto como aborrece. En su mente libra una silenciosa batalla contra sí mismo: por un lado querría desatar sus impulsos de toda norma, por otro desea una existencia tranquila y equilibrada que se acomode a las convenciones humanas. Ese conflicto interior lo agota; Harry no quiere conformarse con una vida mezquina, pero teme que la búsqueda de la plenitud aboque en la locura.

Cuando ya no espera ninguna respuesta cae en sus manos el "Tratado del lobo estepario", de sus páginas recibe, como una epifanía, su propia semblaza. Harry emprenderá entonces un viaje hacia el autoconocimiento lleno de peligros y contratiempos. En su camino se encontrará con Armanda, una misteriosa joven de la que se enamora y que, al igual que la Beatríz dantesca, será la guía de su ascenso espiritual.

En este libro Hesse plantea la posibilidad de una redención sin dioses ni soluciones metafísicas, al margen de ideologías y propuestas sectarias. "El lobo estepario" no pierde su actualidad porque hoy, más que nunca, somos partícipes de la zozobra de su autor. Nuestra generación, paralizada por el desaliento y el escepticismo, puede encontrar en él una salida a su atolladero nihilista. Os recomiendo mucho su lectura, pero con un requisito:

"Sólo para locos"

Estáis advertidos.

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11 Noviembre 2006

Yo, Friki


"Fulanito hoy no sale con nosotros."
"¿Y eso?"
"Se ha quedado viendo anime en casa. Ya sabes, es un friki."

"Tío, ayer vi. a Menganita con sus amigos."
"¿Con los roleros?"
"Sí, ¡menuda panda de frikis!"

"¿Te has enterado de lo de Zutano?"
"Ya, mira que gastarse esa pasta en un warhammer."
"Es que es más friki..."

Hasta hace poco uno podía entregarse alegremente a sus hobbies sin ningún problema. A lo mejor, en efecto, le miraban a uno un poco raro si confesaba que su pasatiempo era la filatelia, o coleccionar chapas de botella, pero la afrenta no iba más allá. Hoy, en cambio, no podemos declararnos devotos de ninguna actividad sin sufrir escarnio. Y todo por un neologismo: friki. La masa se ha adueñado del palabro y lo empuña contra cualquier individuo que sobresale en algo; si alguien traspasa los lindes de la mediocridad, ¡zas!, se lo endosa y cae en algo parecido a la ignominia.

Lo cierto es que el término no nació para amparar la vulgaridad, sino para designar a un nuevo individuo, un tipo extravagante por sus hábitos y aficiones que a principios de los noventa estaba conformando una nueva sub-clase social. El vocablo en cuestión procede del inglés, "freak", que en español viene a significar "monstruo", "estrafalario" o "fanático". En su acepción original se utilizaba para denominar a los "fenómenos" (mujeres barbudas, hombres elefante y demás) que se exhibían en los inhumanos "shows" itinerantes que tanta fama tuvieron en la Norteamérica rural de entreguerras. Pues bien, ¿qué es lo que tienen de monstruoso nuestros frikis?

Puede que lo que más nos asuste de estos "raros" portentosos sea su silenciosa mordacidad. El friki, al refugiarse en la ficción, está burlándose del mundo. Al darle la espalda ridiculiza, sin quererlo, nuestras necesidades, nuestras aspiraciones, aquello en lo que creemos y consideramos sagrado, algo que muchos no están dispuestos a perdonar. Tal vez sea por eso que muchos se sienten ultrajados cuando los llaman así. Pero los auténticos abanderados del "frikismo", camisa de Blind Guardian y espada láser (falsa) en ristre, se sienten muy satisfechos de ser lo que son, tanto que en 2005 convocaron el primer "Día del Orgullo Friki" para proclamar su pintoresca condición y exigir el respeto que merecen.

Nos gusten o no, lo cierto es que nos tienen rodeados. Seguro que todos conocemos a algún ferviente lector de Mundodisco, a algún apasionado de Vampiro o a un incombustible jugador de World of Warcraft. ¿Quién no ha sentido asombro alguna vez al escuchar sus incompresibles jergas, parodiado sus inverosímiles preocupaciones, celebrado sus absurdas invenciones...? Un momento, ¿qué es esto? Siento una conmoción en la Fuerza, ¿será, querido lector, que eres tú uno de ellos...?

Bromas aparte: en cualquier momento podemos contraer la "frikastenia". Los frikis han invadido todos los ámbitos del entretenimiento y desde allí pontifican y contagian su afán evasionista a quienquiera que se adentra en ellos. Son víctimas de una cultura del ocio hipertrofiada, pero no parece importarles demasiado, no mientras el e-mule siga descargando a destajo sus series favoritas y puedan llevar a buen término sus interminables campañas de "Dungeons and Dragons".

El friki medio compensa su natural introversión y afabilidad con un entusiasmo desbocado por los asuntos relativos a la literatura y el cine fantásticos, el cómic (o manga nipón) , el rol, la animación japonesa (anime), el metal y/o la informática. Ha decidido no enfrentarse a una realidad que le supera y a una sociedad que no le comprende buscando protección en universos fabulosos donde todo tiene sentido. Tras pasar la mayor parte del tiempo explorando hasta sus más recónditos recovecos acaba conociéndolos como su propia casa. No debe sorprendernos, por tanto, que hable con sus amigos de sus personajes favoritos como si fueran tan reales como él mismo. Es, también, amante del detalle superfluo, así, el número de planetas visitados por la tripulación de la "Enterprise" y el listado de formas de los "saiyajin" puede parecerle trascendental. Para sentirse parte de esas historias que adora a menudo adopta conductas extrañas, como estudiar lenguas que no existen o salir sólo de noche con ropas siniestras. Hay frikis de todas las edades, sexos y países: la excentricidad no conoce fronteras.

Podrán parecernos horteras, plastas, podremos decir que huelen mal y que están locos, pero estos estrambóticos escapistas nos dan una inestimable lección de humor: que para poder vivir sin miedo no hay que tomarse la vida demasiado en serio.

Desde "La Lechuza" un cordial saludo a todos los frikis de la blogosfera.

Friki Test

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4 Noviembre 2006

¿Apocalypse now?


Las selvas son sistemáticamente deforestadas, el agujero de la capa de ozono se dilata, se extinguen cientos de especies cada año, las temperaturas suben, nuestro planeta suda por los polos... En todas partes se levantan voces de alarma que no cesan de repetir la que se nos viene encima (huracanes, inundaciones, desertización...). Caso omiso: cobrar la nómina, pagar la hipoteca y encontrar una plaza de garaje nos importa más que salvar la Tierra, un asunto que nos parece demasiado abstracto y, por tanto, difícil de afrontar. Mamá Naturaleza (esa tierna idealización roussoniana) es ahora una viejecita tísica que agoniza bajo la mirada indiferente de sus nietos. ¿Cuántos "Katrinas" harán falta para que la humanidad se percate de que los elementos le han declarado la guerra?
Esta problemática actitud viene gestándose desde antiguo y parte, creo yo, de la visión antropocéntrica del universo heredada del Cristianismo. Según esta tradición el Orbe es criatura, y sólo merece veneración en tanto que es producto de la voluntad creadora de Dios. El hombre, que ocupa el pináculo de Su obra, puede disponer libremente de él como mejor le convenga. A medida que nos adentramos en la Modernidad, y la zanja entre razón y fe se ensancha, Dios se va distanciando de su Creación hasta el punto de dejarla desamparada. Aprovechando el interregno Descartes se declara descubridor del método que nos hará "dueños y poseedores de la Naturaleza". Puesto que ya no es necesario apelar a un Ser Supremo para decidir el futuro del mundo el hombre se erige en su señor. Las consecuencias de esta presunción son hoy manifiestas, y están causando mucho sufrimiento (¿innecesario?).
Por otra parte, la esperanza ilustrada en el progreso humano puso en entredicho nuestra filiación con el mundo natural. La raza humana, surgida del turbulento seno de Gea, debía domeñar los imperativos de la diosa y convertirla en su esclava, dando fin así al secular imperio de la indigencia y el miedo. Después de tres revoluciones industriales y en plena era del desarrollo tecnológico debemos reconocer que nos hemos pasado de la raya, que el mismo orgullo que ha gestado nuestra próspera civilización puede ser el causante de su ruina. A estas alturas deberíamos saber que las catástrofes medioambientales que nos acucian son el desquite del titán al que tuvimos la vanidad de encadenar.
Nuestra generación se ha criado en las ciudadades, y el campo le parece un lugar inhóspito y lejano. No puede ser de otra manera, puesto que el entorno urbano en el que se desarrolla nuestra experiencia cotidiana es la antítesis del reino salvaje. Aquí impera la ponderación y el orden, allí la inseguridad y el caos. Esta diferencia se patentiza en los materiales que configuran nuestros espacios y utensilios. El plástico, la loza, el acero y el vidrio (que requieren de tortuosos procesos fabriles) sustituyen en muchos casos a la madera, la piedra y la arcilla (que son materias más toscas y "ecológicas"). Vivimos en la cultura de lo sintético: hace falta ser un titulado en Química para hacerse una idea de qué vestimos y qué comemos. Dadas las circunstancias se hace muy difícil reconocer nuestra condición natural y, por tanto, nuestra intrínseca dependencia de un ecosistema cada vez más castigado. No somos capaces de medir la repercusión medioambiental de nuestros actos porque los lazos que nos vinculan a la Tierra están deshechos. La culpa la tiene un inveterado talante existencial que es preciso comenzar a corregir.
Debemos olvidar el adagio cartesiano y concienciarnos de que el hombre no ha traspasado todavía las fronteras de la Naturaleza. Ella no forma parte de nosotros, sino que nosotros somos parte integrante de ella, nos subsume. Cada vez que encendemos el motor de un coche, desperdiciamos agua o tiramos una pila al mar estamos determinando nuestro porvenir, que está fatalmente ligado al destino de nuestra patria celeste. Hemos de devolverle al universo, a la vida y a sus leyes, su vieja condición sagrada, reverenciar sus misterios insondables como se hizo en tiempos premodernos. Hoy más que nunca se hace imprescindible recordar (como reza el Génesis) que nuestro origen es el barro, y que el barro es también nuestro medio de subsistencia. Si olvidamos que nuestro bello (y terrible) planeta azul ha sido nuestra cuna, es muy probable que también se convierta en nuestra tumba.

El Mundo.es/Magazine "Asustados por el cambio climático"

El Mundo. es "El INM creará un registro de posibles escenarios de cambio climático por regiones hasta 2100"

El Mundo.es "El cambio climático acelera la evolución de las especies"

El Mundo.es "ONG, sindicatos y consumidores se unen en la lucha contra el cambio climático"

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La lechuza se eleva sobre las copas de los árboles mientras la noche se extiende bajo sus alas. Sus penetrantes ojos, a salvo ya de los fulgores del sol, son capaces de apreciar el paisaje en su conjunto. No hay detalle que escape a su mirada. En este blog se busca una "visión de altura" de la sociedad y la cultura en la que vivimos para profundizar mejor en sus problemas. Os invitamos a que ascendáis con nosotros...

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