Categoría: Teresa Villaverde Martínez
27 Noviembre 2006

Por supuesto. Google es el mayor monstruo fruto de esta sociedad globalizada, el segundo puesto de la lista lo ocupa Ikea.
Es aún mayor porque su monopolio traspasa la puerta de nuestros hogares. Google es la gran ventana que tenemos para mirar al mundo. A través de él podemos conocerlo casi todo. ¿El problema? El de siempre: la información que encontramos, está seleccionada por alguien. Lo que no está en Google, parece que no existe. Por eso, ante la gran trascendencia metafísica de esta premisa, todos nos lanzamos a escribir blogs. Queremos formar parte del mundo, y nos conformamos con aparecer, por lo menos, en la página diez de resultados si alguien pone nuestro nombre en el buscador.
Los usuarios traspasamos las fronteras a través de este túnel, olvidando que también para él existen límites de espacio y de tiempo. Que a pesar del gran monstruo que es, no es capaz de mostrar lo mejor, ni lo más interesante. Que no siempre es eficaz, que puede que nos manipule. Pero mientras demandemos información y la gran empresa pueda proporcionarla, seguirá creciendo. Desde siempre, la información que recibimos está mediada. El inconvenienre se da cuando el mediador es uno. Nos encontramos, sin duda, ante una dictadura de la información, pero disfrazada de servicio al consumidor.
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16 Noviembre 2006

“Ya es Navidad en el Corte-Inglés” y como en La Lechuza también queremos ser “especialistas en ti”, he decidido tocar un tema navideño: la Publicidad. Si eres de los que al oír hablar de estas fiestas se imagina sentado junto a una mesa adornada con suculentos platos y rodeada de familiares sonrientes, desengáñate. Lo más típico de la Navidad son los anuncios. Y si no, piensa en ese regalo tan caro que le has comprado a tu hermanito, porque sabes que “si no son Micromachines, no son los auténticos”. O en la colonia Eternity que tienes guardada para tu madre, porque puede que sea “romántica, intemporal, elegante y lujosa”, pero es que además, no han dejado de repetirte que “de regalo trae un bolso con minitallas”. Ante semejante chollo... Si todavía no estás convencido, ve al súper-mercado más cercano y busca turrón, seguro que recuerdas que mejor, “en estas navidades turrón de chocolate, en estas navidades, turrón de Suchard”. En fin, que hasta Papá Noel, que era verde, es rojo ahora gracias a Coca-Cola.
Desde luego, esto no es nuevo. Hace unos diez años la frase más repetida en España era “yo no veo la tele, veo anuncios, porque no ponen nada más”. Una frase que ya no se usa porque está desgastada. Aún así, sorprende adentrarse en el mundo de la Publicidad un poco más para descubrir sus maquiavélicos planes de manipulación, pues van mucho más allá del bombardeo masivo de slogans y spots. Detrás de cada anuncio, hay un mensaje pensado especialmente para captar a un determinado sector de la población. Fijémonos en MacDonals. Sus establecimientos son, probablemente, los más inhóspitos y fríos del mundo, sus hamburguesas son de dudosa calidad y los empleados son robots programados para no ofrecer ni una sonrisa. Pero triunfa. Es más, en sus inicios en Estados Unidos, los MacDonals eran negocios situados en las carreteras para clientes de paso, que no tenían ni que parar para comer: podían obtener, sin bajarse del coche, una hamburguesa estándar, hecha hace un siglo y recalentada. Mediante una hábil campaña, la casa de la hamburguesa consiguió transformar sus Arcos Dorados en un símbolo de unidad familiar, convirtiéndose en el imperio que es ahora. (Para saber más aconsejo leer el libro “Los creadores de imagen”, de William Meyers/ Ed. Planeta).
Detrás de cada anuncio, hay un grupo de publicistas que ha estudiado la sociedad a conciencia. Ellos, que ahora responden al nombre de creativos, han dividido al resto de humildes e ingenuos mortales en grupos. No eres tú quien decidirá beber JB esta noche vieja, son ellos los que te incitarán a tomarlo, porque al beberlo sientes que puedes “reinventar la noche”. Si alguna vez, al ver un producto se te ocurre pensar, “ esto es lo que necesitaba”, cuenta hasta diez y respira. Alguno de esos agudos creativos ha logrado insertarte en una de sus casillas de consumidores. Ha investigado tus gustos, exigencias, expectativas y deseos y los ha simplificado en una cancioncilla pegadiza que reúna todos esos requisitos en su producto. Tus ilusiones quedan reducidas a eso, a un par de rimas fáciles que te convencen de que al comprar esto o lo otro, reflejas socialmente lo que crees que eres o lo que quieres ser. ¿Originalidad, decisión? No existen.
Al final, cuando necesites cosméticos comprarás L´oreal porque “tú lo vales” y fumarás Lucky porque es “original”, es “genuino”, es “tu mezcla”.
A la hora de merendar tomarás patés La Piara que están “más buenos que el pan”, no olvidarás la operación de leche, cacao, avellana y azúcar... Si te dan una natilla dirás que a ti “te daban dos”, porque será Danone que está siempre “lista para gustar”, y antes de terminar comerás algún petit-suise para que nunca te falte “un poquito así”. Si todavía necesitas más, no creo que te cueste recordar a “aquel negrito del África tropical...”, porque Cola-Cao es el “desayuno y merienda ideal”, es el de los campeones como Dani Pedrosa.
Si eres ama (o amo) de casa, no pasarás sin “el poder del rosa” de la lejía Kalia, ni permitirás que nadie diga que “te falta TEFAL”.
Los niños pedirán Action Man, “el héroe más grande de todos los tiempos” y las niñas “Bea que gatea, que gatea, que gatea”.
Tras esta sobresaturación “creativa”, la gente empieza a estar harta de tantos anuncios, por eso las cadenas de televisión han empezado a limitar el tiempo de publicidad con la promesa de “volvemos en...”. En Internet están tratando de moderar la pesadilla de los banners que aparecen sin que nadie los llame y no se van hasta que el usuario los cierra diez veces seguidas. Para evitar que los internautas lleguen al borde de la histeria tratando de que desaparezcan esas barras llenas de colores, ofertas y gente sonriendo, los publicistas aconsejan métodos más sutiles para el futuro. El ordenador estudiará las preferencias del navegante a través de sus consultas en la red y le propondrá ciertos productos. Eso sí, si no le interesa, solo tiene que decirlo. La publicidad sugiere, no obliga. Además, ya se está empezando a pensar en la televisión interactiva, que permita al telespectador elegir los anuncios que quiere ver. En ese caso, si pusieran una película interesante, empezaría media hora más tarde para aquellos que quisieran disfrutarla sin anuncios.
Dicen que la mejor defensa es un buen ataque, pero parece que no es siempre así. Y los creativos han empezado a darse cuenta de ello. Pero, ¿se llegará a cumplir este sueño?, ¿podremos, realmente, decidir algo más que el cómo pagar? No. No acudimos a un renovado respeto hacia el consumidor. Estamos ante un despliegue inédito de “creatividad” estratégica. Ellos saben que les hemos descubierto y que ya no nos vamos a dejar manipular. Han captado el mensaje y ahora están dispuestos a llevar a cabo una maniobra más sutil: hacernos creer que podemos elegir. Es decir, que estamos igual que al principio pero quieren convencernos de lo contrario. Ellos, los invasores de nuestra intimidad, los creadores de deseos, nos siguen acechando.
Por cierto, si tienes móvil, y es porbable que así sea, cuidado. La publicidad personalizada esta a la vuelta de la esquina. Si logran hacerte creer que, al acosarte desde el movil te están dando una atención especial, estarás perdido para siempre.
Algún anuncio
Estrategias de publicidad
La historia de Nintendo a través de los anuncios de televisión
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Los anuncios más nocivos
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15 Noviembre 2006

Una imagen vale más que mil palabras, o eso dicen. En el caso de la obra de Cecil Beaton, el refrán se cumple. En 1904 nació en Londres un artista de la fotografía, un genio de la imagen. Su carrera artística comenzó de niño fotografiando a sus hermanas.
La inocencia captada en aquellas fotos infantiles fue solo el preludio del esplendor posterior que alcanzará su trabajo. Innumerables famosos posaron ante su objetivo entre decorados innovadores: técnicas de luces y sombras, manipuladas con gran sensibilidad, se funden en escenarios decorados con un estilo de elegancia muy personal. Juegos de espejos y de figuras, estatuas y vestidos extravagantes. La colección del artista hace un recorrido por múltiples ambientes: de habitaciones vacías en las que el retratado es el único protagonista, a otras, abarrotadas de papeles, mederas, telas... De paisajes espléndidos, en jardines de la alta nobleza, a los más desoladores captados en la guerra. Aunque el londinense es recordado sobre todo por sus retratos de Marilyn Monroe, Audrey Herpburn, Greta Garbo o Picasso entre otros, fue un espléndido fotógrafo de guerra.
La II Guerra Mundial supone un antes y un después en su carrera, pues su estilo cambió tras el trabajo en la contienda. Además, supo anticiparse a su tiempo: entre 1938 y 1939, fotografió a personalidades a través de las ventanas rotas de fábricas abandonadas. Estas imágenes son un aviso de lo que vendría después, como afirma Truman Capote en su libro Retratos. El escritor también reconoce la importante influencia del artista tanto en Capa, como en la mayoría de fotógrafos posteriores.
La obra de Beaton no es, por lo tanto, una simple galería de fotos. Consigue transmitir, como todo arte que se precie, sentimientos humanos. Es la historia del hombre, su retrato.
Cecil Beaton supo congelar el esplendor y la decadencia del hombre, cazar para la posteridad los distintos estados y facetas de la raza humana. El artista, escondido tras el objetivo, creó una obra atemporal.
Galería de fotos
Cecil Beaton trabajó en My fair lady (Premios)
Trailer de My fair lady
Fotos de Robert Capa (Guerra civil española)
Biografía de Capa


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9 Noviembre 2006


Con respecto al debate que suscitó el atículo de la semana pasada "El peso del peso", muestro algunos enlaces y fotografías de la que fue pionera de la extrema delgadez en las pasarelas en los años 60.
Considerada como la primera top model del mundo, la inglesa Leslie Hornby se hacía llamar Twiggy, que significa algo así como briznilla, hebra o filamento. Su nombre hace clara alusión a la imagen que mostraba, inédita hasta entonces. Pesaba 40 kilos y se alimentaba de Coca-cola y pastillas.
Musa del movimiento "mod", su reinado solo duró cuatro años, pero su nombre y su cara dieron la vuelta al mundo.
Famosas con anorexia


La cultura mod
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9 Noviembre 2006


Imaginen la familia perfecta: el padre actor, la madre modelo y la hija, una belleza que empieza a trabajar para el diseñador de Gucci e Yves Saint Laurent, Tom Ford, siguiendo los pasos de su madre. Guapos, ricos y famosos.
Si ponemos nombre a los personajes de esta historia, la niña sería Domino Harvey, (se duda que realmente llegara a trabajar como modelo) hija del actor Lawrence Harvey (El mensajero del miedo) y de la ex supermodelo del Swinging London que trabajó para Vogue, Pauline Stone.
Domino era una niña inconformista, audaz e inteligente. Su rebeldía empieza a aflorar con la muerte de su padre cuando era pequeña. A pesar de los intentos de Pauline por hacer de su hija una bonita sonrisa en las fotos y una agradable compañía en los actos de sociedad, Domino abandona ese mundo de la jet-set encorsetada en fantásticas fiestas para ser cazarrecompensas. Antes de eso había tenido multitud de trabajos (disc jockey y bombero voluntario, entre otros).
El director Tony Scott, que la conoció cuando ella tenía 20 años, ha decidido llevar su vida a la gran pantalla. Y es una vida digna de ser contada. A pesar de lo fantástico de la historia real, Scott ha convertido su película en una versión surrealista de los hechos. La trama se basa en una operación, en principio sencilla, que tiene que realizar el equipo de cazarrecompensas. Una serie de engaños y de intereses cruzados hacen que los protagonistas se vean envueltos en una historia tan enrevesada que se torna increíble para el espectador. Mafiosos, policías y hasta una familia humilde que quiere dinero para una operación de vida o muerte, se implican en la caza de unos ladrones. Cada vez que el espectador cree haber llegado por fin al término del misterio, el argumento da un nuevo giro que lo complica todo. Tantos giros retuercen la historia hasta que aburre. Además, ni siquiera mantiene al público en vilo. Cada nueva perspectiva tiene un desenlace predecible. Lo mejor de todo es que, de todas las historias emocionantes que Domino podía contar, el director quiso dejar algo de su aparatosa creatividad en el film y se lanzó a inventarse una nueva. Efectivamente, lo que se cuenta en la película nunca ocurrió. Según Tony Scott, esto era precisamente lo que buscaba, describir la personalidad de la protagonista y no contar una de sus muchas aventuras.
Sin embargo, tampoco consigue su objetivo. A pesar de los abundantes matices que puede tener la personalidad de Domino Harvey, interpretada por Keira Knightley, el director la presenta como un personaje completamente plano, cuya imagen de tía dura consiste en no sonreír nunca y fumar a todas horas, romper narices en cuanto algo le molesta y pasearse por ahí con un cinturón de balas colgado en el pecho. Todo sin despeinarse y guapa hasta con sangre seca manchándole la cara. Una caracterización, resumiendo, simplona y fácil. El resto de los personajes están también totalmente estereotipados. A Harvey la acompañan Ed, el típico jefe chulo, con experiencia y con un toque paternal como sustituto del padre que la protagonista perdió; y Choco, un venezolano con melena larga a lo Antonio Banderas, callado pero agresivo, un tipo duro cuya actuación se limita a cortar brazos y perseguir babeante a la ex modelo sin atreverse a dar el paso definitivo. Y así, con esta doble personalidad, tan temeraria para unas cosas y tan cobarde para otras, parece estar terminada su caracterización. El elenco lo completan la madre guapa y estirada y dos protagonistas de la serie Sensación de vivir que se interpretan a sí mismos como actores pasados de moda. En la película son rescatados para hacer un reality sobre las hazañas de los cazarrecompensas. Quizá el único toque acertado del film.
No es extraño que se rumoree el desencanto de la ex modelo con el largometraje. Aunque su reciente muerte por consumo de drogas impidió que la cazarrecompensas diera su opinión sobre el trabajo.
Si a todo esto le sumamos una cámara que nunca está quieta ni permite ver un plano bien encuadrado, con imágenes en sombras y colores eléctricos, tenemos un vídeo clip de hora y media que marea.
Teresa Villaverde
Otra versión de la película

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4 Noviembre 2006

Buscando alguna idea para escribir mi entrada, me topo con un Semanal XL del mes pasado. En portada una frase de la actriz revelación Scarlett Johansson: "Tengo curvas, mido 1,63... estoy contenta con lo que tengo". Parece la declaración de principios de una mujer normal, yo he pensado eso toda la vida y nadie lo ha puesto en portada. ¿La diferencia? Está clara. Una rubia sensual con escote prominente me mira desde una foto en blanco y negro. En algún sitio tenía que estar el truco, me digo, no va a ser Bridget Jones el nuevo canon de belleza. Aun así, alegra ver que el estereotipo de mujer perfecta esté cambiando. Si en esas grandes revistas que publican incansablemente cuáles son las normas que debe seguir toda mujer chic y con glamour, aceptan a una Scarlett, estamos ante un cambio sustancial. Y es que en esta cruzada contra la obsesión por el peso, los magnates de la moda utilizan todos los recursos científicos necesarios: en Cibeles, este año, si al dividir tu peso por el cuadrado de tu altura da más de 18 estás de enhorabuena y puedes desfilar. Es una sencilla operación matemática indiscutible, como todo lo que tiene números. Da igual que vomites cada vez que comes, que no comas o que uses una 32, si tu masa corporal es mayor que 18, desfilas, aunque te desmayes en la pasarela. Y si eres una chica nerviosa que no engorda ni aunque se pase el día enchufada a la nocilla, lo siento, no puedes ser modelo, tienes menos de 18. Ni hablar.
Menos mal que alguien nos entiende, al fin, a las de masa corporal elevada. ¡Uf! Que alivio.
Supongo que tras enterarse de la nueva fórmula anti-obesidad, la mayoría de las niñas con algún tipo de complejo se habrán lanzado a las calculadoras como locas, para comprobar hasta qué punto esas cartucheras que tienen suponen un problema. Además, para enterarnos de cuánto ha calado en la conciencia social la cuestión de la anorexia, solo hay que poner la tele y ver Supermodelo 2006. El programa es uno más que se suma a los tan ya explotados realities, pero es, si cabe, aún peor que todos los anteriores. En pantalla, un montón de niñas raquíticas y sin formas discuten porque una de ellas ha dicho que su compañera es más "anchita" que las demás. La anchita en cuestión se ha enfurecido ante tan terrible insulto. Supongo que usará la 36 en vez de la 34 y esperaba engañar a España entera. Pues no bonita, que el tele-espectador medio español no es tonto y no le dan gato por liebre. En el cuarto contiguo otra niña-palo se sume en una profunda depresión porque, horror, le han cortado el pelo, su preciada melena. No creais que no es un asunto de máxima importancia, a Sansón le concedieron una película entera. Junto a la desgraciada niña-palo, un italiano histérico, plagio de Boris Izaguirre pero de Italia (que da más prestigio a un programa de moda), chilla una y otra vez: ¡Te han cortado el pelo, no el cerebro! Valiosa lección de moral. Como colofón, la presentadora, que no acierta nunca donde está su cámara ni es capaz de decir dos frases seguidas sin pensar "uy, ¿qué venía ahora?". Pero eso sí, es rubia y guapa.
En fin, que si nos sumimos en este mundo de ecuaciones corporales, nos sometemos a la invasión de las palo y rechazamos continuamente la tentación del Burger King de la esquina, el mundo se nos presenta como un lugar hostil.
Por mucho que en Cibeles aumenten la talla de los trajes, Dove presente su magnífica campaña Por Una Belleza Real y aunque la Johansson repita una y otra vez que tiene curvas, si "ellos" (los reyes de la alta costura, los productores de televisión, los directores de las absurdas revistas) no se ponen de nuestro lado, no hay nada que hacer. Estamos en una etapa de transición más contradictoria que la del antitabaquismo, cuando las empresas tabacaleras redujeron los precios del paquete de cigarros para hacerlo más accesibe, al tiempo que el gobierno decidía prohibir este vicio en los bares. Es decir, que quieren volvernos locos.
Pero la solución no pasa, como han creído muchos, por gritar más el eslogan de ¡mujeres reales unios!, tan repetido que es más famoso que el sonado ¡Proletarios del mundo...! del Manifiesto Comunista. No, no se trata de crear una nueva clase compuesta por las mujeres que se quieren tal y como son. La solución está en enseñar a aquellas que no se valoran, que la belleza está en una cierta armonía. Está en redescubrir el principio de quilibrio del que ya habló Platón en su día sin conocer ni a Gucci, ni a Dolce&Gabanna ni a ningún gurú del estilo. Platón no sabía de moda, ni de tendencias, pero sabía de estética, sabía qué era lo bello. Y lo bello es cuidarse por dentro y por fuera: "Mens sana in corpore sano".

Teresa Villaverde
Bulimia y anorexia
Foro de anoréxicas y bulímicas
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2 Noviembre 2006

Un fotógrafo de guerra vive en un faro perdido, ya retirado de su trabajo y del mundo. Allí, pinta un inmenso fresco por en la pared. A través de su pintura pretende captar la esencia de la guerra, algo que se escapa al objetivo de la cámara. Tras tantos años de batallas, tras tantas imágenes de dolor y sufrimiento, el pintor pretende trazar en su pared las líneas de la vida mediante las de la guerra. Éste es el argumento de la última novela de Arturo Pérez-Reverte. El libro, quizá el más filosófico de los del escritor, refleja una visión profundamente pesimista del ser humano. La idea de la vida que tiene Reverte es que en cualquier momento se puede acabar. La historia de cada uno está escrita, las circunstancias y situaciones exculpan a los hombres de sus faltas. El determinismo guía a los hombres que solo hacen lo que es lógico que hagan. Reverte trata de explicar así tanta sangre derramada en el campo de batalla, tantos actos crueles sin sentido que encuentran su fundamento en otras injusticias anteriores. Aunque el escritor no utiliza expresamente el lema hobbiano de que "el hombre es un lobo para el hombre", lo cierto es que la máxima de Hobbes se puede aplicar a su filosofía. Este es el tema principal del libro, que se refleja claramente en la visita inesperada que recibe el fotógrafo. Un antiguo soldado a quien él fotografió, vuelve reclamando venganza. Aquella famosa imagen recorrió el mundo y él quedó como el rostro que daba nombre al conflicto. Las conscuencias: matan a su familia tras violar a su mujer una y otra vez. El soldado quiere ajustar cuentas y encuentra al fin el faro donde está el culpable de su desgracia. Viene para matarle y al pintor de batallas ni siquiera le asombra. No le extraña la ardua búsqueda del otro ni su sed de venganza. No le considera una mala persona porque es lógico que, dadas las circunstancias, haya tomado esa decisión. Tampoco hay un atisbo de culpabilidad en el fotógrafo. Él solo hacía su trabajo y no pretendía cambiar el curso de las cosas. Pero lo ha hecho. Ambos se han limitado, desde el punto de vista del pintor, a ocupar su lugar en el mundo, a representar el papel que los hechos han ido marcando. La culpabilidad es relativa.
Tras leer la novela, se entienden mejor el sarcasmo y cinismo del periodista, pues ha perdido la fe en la raza humana, en su virtud y excelencia. El pintor de batallas no es un personaje autobiográfico, o así lo ha expresado el autor, pero encarna a ese turista del horror en que se convirtió Reverte. Marcovik, el invitado de honor al refugio del artista, es el fantasma de tantos soldados que lo sacrificaron todo. Interpreta el papel del que no viaja por el dolor, sino que lo sufre y lo crea. Son los únicos protagonistas de la novela junto a “ella”. Ella es la clara prueba de que no se puede observar el sufrimiento de cerca y quedar inmune. Ella, la novia muerta del fotógrafo.
Como un regalo mal hecho, el argumento se ve envuelto por el arte de la pintura. La guerra queda decorada y escondida tras el maravilloso mural circular.
La novela es otro intento de alivio del síndrome post-traumático de Reverte, pues es el retrato de la pérdida de la ilusión y de la esperanza. Es el manifiesto de una filosofía extraída de las situaciones más extremas, de la crueldad del ser humano. Es la ceguera de un hombre que ha visto demasiado y ahora no sabe mirar hacia otro lado.
Entrevista con Arturo Pérez-Reverte
Biografía de Hobbes
Teresa Villaverde
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20 Octubre 2006
Ahí van algunos recortes de esta semana:
Los clásicos…
-Un esquizofrénico mata a su mujer inválida en un geriátrico para que no sufra
-Unas 100 personas mueren en un atentado suicida contra el ejército en Sri Lanka
-Una mujer detenida por intentar que fuera atropellado su bebé
-Seis heridos en Beirut al lanzar tres granadas anticarro contra una plaza céntrica cerca de la sede de la ONU
-Cinco millones de niños mueren al año por desnutrición, según la ONU
-Un constructor trata de levantar la ciudad del golf en una Zona Especial de Protección de Aves en Ávila
-Moshe Katzav, presidente de Israel, acusado de violación
Los característicos de nuestros notables progresos…
- Amena (Orange) y Euskaltel (aliado ahora con Vodaone) crean un infierno celular para los clientes. Tras la ruptura de Euskaltel con Orange ambas compañías bombardean al usuario con sus maravillosas ofertas
-El artista Mikael Genberg planea construir una de las tradicionales casas de campo suecas en la Luna para el 2011
Los que representan nuestro avance social…
-Liz Taylor planea casarse por novena vez a los 74 años
-“El glamour desapareció de la tele hace tiempo” (Novedosa declaración de Jaime Campuzano en una entrevista. El presentador trabaja actualmente en el programa de gran interés humano, Dónde estás, corazón)
-El 80% de los parados reconoce que no sabe buscar trabajo, según el INEM
Y el que más me gusta:
-Agentes secretos interrogan a Julia Wilson, una californiana de 14 años, que escribió mensajes amenazadores en Internet contra Bush en protesta por guerra y por la política del presidente
(Premio 2 006 a la Competencia en Investigación)

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Teresa Villaverde
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