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La Coctelera

La lechuza

...El ave de Minerva alza su vuelo al atardecer... (Una visón crítica de la sociedad Contemporánea)

4 Noviembre 2006

¿Apocalypse now?


Las selvas son sistemáticamente deforestadas, el agujero de la capa de ozono se dilata, se extinguen cientos de especies cada año, las temperaturas suben, nuestro planeta suda por los polos... En todas partes se levantan voces de alarma que no cesan de repetir la que se nos viene encima (huracanes, inundaciones, desertización...). Caso omiso: cobrar la nómina, pagar la hipoteca y encontrar una plaza de garaje nos importa más que salvar la Tierra, un asunto que nos parece demasiado abstracto y, por tanto, difícil de afrontar. Mamá Naturaleza (esa tierna idealización roussoniana) es ahora una viejecita tísica que agoniza bajo la mirada indiferente de sus nietos. ¿Cuántos "Katrinas" harán falta para que la humanidad se percate de que los elementos le han declarado la guerra?
Esta problemática actitud viene gestándose desde antiguo y parte, creo yo, de la visión antropocéntrica del universo heredada del Cristianismo. Según esta tradición el Orbe es criatura, y sólo merece veneración en tanto que es producto de la voluntad creadora de Dios. El hombre, que ocupa el pináculo de Su obra, puede disponer libremente de él como mejor le convenga. A medida que nos adentramos en la Modernidad, y la zanja entre razón y fe se ensancha, Dios se va distanciando de su Creación hasta el punto de dejarla desamparada. Aprovechando el interregno Descartes se declara descubridor del método que nos hará "dueños y poseedores de la Naturaleza". Puesto que ya no es necesario apelar a un Ser Supremo para decidir el futuro del mundo el hombre se erige en su señor. Las consecuencias de esta presunción son hoy manifiestas, y están causando mucho sufrimiento (¿innecesario?).
Por otra parte, la esperanza ilustrada en el progreso humano puso en entredicho nuestra filiación con el mundo natural. La raza humana, surgida del turbulento seno de Gea, debía domeñar los imperativos de la diosa y convertirla en su esclava, dando fin así al secular imperio de la indigencia y el miedo. Después de tres revoluciones industriales y en plena era del desarrollo tecnológico debemos reconocer que nos hemos pasado de la raya, que el mismo orgullo que ha gestado nuestra próspera civilización puede ser el causante de su ruina. A estas alturas deberíamos saber que las catástrofes medioambientales que nos acucian son el desquite del titán al que tuvimos la vanidad de encadenar.
Nuestra generación se ha criado en las ciudadades, y el campo le parece un lugar inhóspito y lejano. No puede ser de otra manera, puesto que el entorno urbano en el que se desarrolla nuestra experiencia cotidiana es la antítesis del reino salvaje. Aquí impera la ponderación y el orden, allí la inseguridad y el caos. Esta diferencia se patentiza en los materiales que configuran nuestros espacios y utensilios. El plástico, la loza, el acero y el vidrio (que requieren de tortuosos procesos fabriles) sustituyen en muchos casos a la madera, la piedra y la arcilla (que son materias más toscas y "ecológicas"). Vivimos en la cultura de lo sintético: hace falta ser un titulado en Química para hacerse una idea de qué vestimos y qué comemos. Dadas las circunstancias se hace muy difícil reconocer nuestra condición natural y, por tanto, nuestra intrínseca dependencia de un ecosistema cada vez más castigado. No somos capaces de medir la repercusión medioambiental de nuestros actos porque los lazos que nos vinculan a la Tierra están deshechos. La culpa la tiene un inveterado talante existencial que es preciso comenzar a corregir.
Debemos olvidar el adagio cartesiano y concienciarnos de que el hombre no ha traspasado todavía las fronteras de la Naturaleza. Ella no forma parte de nosotros, sino que nosotros somos parte integrante de ella, nos subsume. Cada vez que encendemos el motor de un coche, desperdiciamos agua o tiramos una pila al mar estamos determinando nuestro porvenir, que está fatalmente ligado al destino de nuestra patria celeste. Hemos de devolverle al universo, a la vida y a sus leyes, su vieja condición sagrada, reverenciar sus misterios insondables como se hizo en tiempos premodernos. Hoy más que nunca se hace imprescindible recordar (como reza el Génesis) que nuestro origen es el barro, y que el barro es también nuestro medio de subsistencia. Si olvidamos que nuestro bello (y terrible) planeta azul ha sido nuestra cuna, es muy probable que también se convierta en nuestra tumba.

El Mundo.es/Magazine "Asustados por el cambio climático"

El Mundo. es "El INM creará un registro de posibles escenarios de cambio climático por regiones hasta 2100"

El Mundo.es "El cambio climático acelera la evolución de las especies"

El Mundo.es "ONG, sindicatos y consumidores se unen en la lucha contra el cambio climático"

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3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Borja

Borja dijo

Rafa... estoy de acuerdo contigo en todo lo que dices. Pero, y aunque sé que no es el hilo central del discurso y que es una objeción nimia, no puedo dejar de advertir que crees que el mundo de la civilización, el que conforma el territorio urbano, domina la "ponderación y el orden", mientras que en el natural reina "la inseguridad y el caos".

A mi entender la ciudad, abusando del tópico, es una selva. No hay orden ni concierto. Todo es una locura. Todos corriendo de aquí para allá. Todos arremetiendo contra todos... La ley del más fuerte predomina, el que no pueda con el mundo mejor que se quede en casa, porque en menos de lo que canta un gallo habra sido pisoteado por gente que se hace llamar "ambiciosa". Parece claro que el Superhombre de Nietzsche campa a sus anchas por nuestra sociedad, que poco a poco, como tú y otros muchos más advierten, se ve abocada al esplendor de la decadencia.

Enlaces:

http://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiac...

5 Noviembre 2006 | 02:51 AM

jamming

jamming dijo

Borja, creo que en el nombramiento que haces sobre el Superhombre de Nietzsche estás equivocado.
el superhombre de Nietzsche no busca imponerse sobre otros, no hace nada para que le sigan, pero lo hacen naturalmente, aunque el no quiera distinguirse, porque ven que es superior, huye de la mediocridad, busca los extremos, no le gusta la moderación, lo establecido.
En cambio, en la sociedad no hay nadie que busque esto, la gente a la que tu llamas Superhombre, busca mandar, imponerse ante losd emas, finge, aparenta ser lo que no es para dominar al resto de la sociedad, muy alejado de lo que dice Nietzsche

Saludos

6 Junio 2007 | 03:34 PM

Borja

Borja dijo

Jamming, aunque el superhombre de Nietzsche no busque de ningún modo el doblegar las voluntades ajenas no significa que no lo haga, puesto que, en el fondo, el superhombre nietzschiano es lo que hace aun sin quererlo. Si no lo hiciese otro lo haría en su lugar, y el superhombre no puede dejar que su voluntad quede aplastada por la de otro.

Probablemente no sea algo que esté escrito en su idea de superhombre, pero es cierto que lo requiere, porque sino el superhombre desaparece bajo otras voluntades que a su vez serían una voluntad de poder mucho más poderosas que la dominada. Y esto es lo que sucede en la vida real, cada día, uno tras otro, asistimos al conocimiento de personalidades cuyo afán de ambición y escala de valores les permiten hacer cualquier cosa con tal de satisfacer sus ansias de poder. Evidentemente, todavía existen personas que no lo hacen, esclavos que no han puesto el fin de su vida en ese logro.

No está tan alejado de Nietzsche como de Sartre para el que finalmente, la visión de las otras personas y el choque de sus voluntades cosifica al otro, transformándolo en un objeto de su dominación. Y esto es esencialmente lo que se sigue del superhombre de Nietzsche si de verdad ha de ser superhombre. Voluntad ilimitada.

Un saludo

21 Junio 2007 | 11:05 AM

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Pamplona, España
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La lechuza se eleva sobre las copas de los árboles mientras la noche se extiende bajo sus alas. Sus penetrantes ojos, a salvo ya de los fulgores del sol, son capaces de apreciar el paisaje en su conjunto. No hay detalle que escape a su mirada. En este blog se busca una "visión de altura" de la sociedad y la cultura en la que vivimos para profundizar mejor en sus problemas. Os invitamos a que ascendáis con nosotros...

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