Buscando alguna idea para escribir mi entrada, me topo con un Semanal XL del mes pasado. En portada una frase de la actriz revelación Scarlett Johansson: "Tengo curvas, mido 1,63... estoy contenta con lo que tengo". Parece la declaración de principios de una mujer normal, yo he pensado eso toda la vida y nadie lo ha puesto en portada. ¿La diferencia? Está clara. Una rubia sensual con escote prominente me mira desde una foto en blanco y negro. En algún sitio tenía que estar el truco, me digo, no va a ser Bridget Jones el nuevo canon de belleza. Aun así, alegra ver que el estereotipo de mujer perfecta esté cambiando. Si en esas grandes revistas que publican incansablemente cuáles son las normas que debe seguir toda mujer chic y con glamour, aceptan a una Scarlett, estamos ante un cambio sustancial. Y es que en esta cruzada contra la obsesión por el peso, los magnates de la moda utilizan todos los recursos científicos necesarios: en Cibeles, este año, si al dividir tu peso por el cuadrado de tu altura da más de 18 estás de enhorabuena y puedes desfilar. Es una sencilla operación matemática indiscutible, como todo lo que tiene números. Da igual que vomites cada vez que comes, que no comas o que uses una 32, si tu masa corporal es mayor que 18, desfilas, aunque te desmayes en la pasarela. Y si eres una chica nerviosa que no engorda ni aunque se pase el día enchufada a la nocilla, lo siento, no puedes ser modelo, tienes menos de 18. Ni hablar.
Menos mal que alguien nos entiende, al fin, a las de masa corporal elevada. ¡Uf! Que alivio.
Supongo que tras enterarse de la nueva fórmula anti-obesidad, la mayoría de las niñas con algún tipo de complejo se habrán lanzado a las calculadoras como locas, para comprobar hasta qué punto esas cartucheras que tienen suponen un problema. Además, para enterarnos de cuánto ha calado en la conciencia social la cuestión de la anorexia, solo hay que poner la tele y ver Supermodelo 2006. El programa es uno más que se suma a los tan ya explotados realities, pero es, si cabe, aún peor que todos los anteriores. En pantalla, un montón de niñas raquíticas y sin formas discuten porque una de ellas ha dicho que su compañera es más "anchita" que las demás. La anchita en cuestión se ha enfurecido ante tan terrible insulto. Supongo que usará la 36 en vez de la 34 y esperaba engañar a España entera. Pues no bonita, que el tele-espectador medio español no es tonto y no le dan gato por liebre. En el cuarto contiguo otra niña-palo se sume en una profunda depresión porque, horror, le han cortado el pelo, su preciada melena. No creais que no es un asunto de máxima importancia, a Sansón le concedieron una película entera. Junto a la desgraciada niña-palo, un italiano histérico, plagio de Boris Izaguirre pero de Italia (que da más prestigio a un programa de moda), chilla una y otra vez: ¡Te han cortado el pelo, no el cerebro! Valiosa lección de moral. Como colofón, la presentadora, que no acierta nunca donde está su cámara ni es capaz de decir dos frases seguidas sin pensar "uy, ¿qué venía ahora?". Pero eso sí, es rubia y guapa.
En fin, que si nos sumimos en este mundo de ecuaciones corporales, nos sometemos a la invasión de las palo y rechazamos continuamente la tentación del Burger King de la esquina, el mundo se nos presenta como un lugar hostil.
Por mucho que en Cibeles aumenten la talla de los trajes, Dove presente su magnífica campaña Por Una Belleza Real y aunque la Johansson repita una y otra vez que tiene curvas, si "ellos" (los reyes de la alta costura, los productores de televisión, los directores de las absurdas revistas) no se ponen de nuestro lado, no hay nada que hacer. Estamos en una etapa de transición más contradictoria que la del antitabaquismo, cuando las empresas tabacaleras redujeron los precios del paquete de cigarros para hacerlo más accesibe, al tiempo que el gobierno decidía prohibir este vicio en los bares. Es decir, que quieren volvernos locos.
Pero la solución no pasa, como han creído muchos, por gritar más el eslogan de ¡mujeres reales unios!, tan repetido que es más famoso que el sonado ¡Proletarios del mundo...! del Manifiesto Comunista. No, no se trata de crear una nueva clase compuesta por las mujeres que se quieren tal y como son. La solución está en enseñar a aquellas que no se valoran, que la belleza está en una cierta armonía. Está en redescubrir el principio de quilibrio del que ya habló Platón en su día sin conocer ni a Gucci, ni a Dolce&Gabanna ni a ningún gurú del estilo. Platón no sabía de moda, ni de tendencias, pero sabía de estética, sabía qué era lo bello. Y lo bello es cuidarse por dentro y por fuera: "Mens sana in corpore sano".

Teresa Villaverde

Bulimia y anorexia

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