Un error
Mahdi Saad Al Azama acudió, al caer la noche, como todos los días a rezar una de sus oraciones diarias a la mezquita. Tras realizar las abluciones se arrodilló y comenzó a rezar... Pidió por el fin de la guerra en su tierra, por sobrevivir un día más, por domir una noche entera sin que el sonido de un obús estrellándose contra el duro suelo machacado le despertarse. Por no escuchar el ruido de los disparos de nuevo. Pidió por una tranquilidad que nunca había sentido. Sólo había soñado con ella.
Él no entendía cómo los judíos les habían robado su tierra porque cuando sucedió no había nacido. Mahdi siempre había vivido bajo el miedo y la opresión de una guerra que nunca terminaba. Sí, había días en los que no se oía nada... en los que la vida parecía ser... una vida. Días en los que no sabía si mirar hacia el cielo esperando la llegada de un misil o hacia la tierra esperando ver un cadaver.
Mahdi tiene 17 años y debería ir todos los días a la escuela, pero él trabaja cuidando de sus seres más queridos, saliendo por ellos a la calle, arriesgándose a recibir la muerte de manos desconocidas. A Mahdi le hubiese gustado luchar por la gente que amaba, la gente que le había dado la vida. Nunca había podido salir de su ciudad, Beit Hanum. Su existencia se limitaba a su ciudad y su familia.
Aquella tarde, mientras la noche se asentaba suavemente sobre Beit Hanum Mahdi sintió, mientras alzaba los ojos al cielo, que Alá le rozaba con su paz, un rayo de esperanza que le cruzaba el alma... y por primera vez en mucho tiempo sintió la alegría al asber que algo bueno pasaría. Seguro-pensaba para sí mismo- que soñaría de nuevo con la tranquilidad.
Eran las 5.15 de la mañana y Mahdi Saad al Azama corría entre los gritos de la gente, intentaba proteger a sus hermanos, pero ni el mismo sabía muy bien lo que sucedía. Dos explosiones a su alrededor lo dejaron aturdido, pero siguió adelante, tirando de sus hermano Arafat de 20 años y Mohamed de 15. Omar, su hermano mayor, se encontraba detrás de ellos instándoles a correr más rápido. Ya habían llegado al exterior de la casa donde vivía toda la familia... casí se podría decir que ya estaban a salvo. Solo un poco más- pensaba Mahdi.
El holor a carne quemada y miembros descompuestos ya no afectaba a Omar Saad Al Azama, ya se había acostumbrado. En medio de la calle, postrado de rodillas, con los restos de su hermano Mahdi, aullaba clamando al cielo... Un obús había caido en medio de ellos y no había quedado ninguno vivo.
Mahdi Saad Al Azama vivió una vida en la que nunca sintió sosiego. Vivió una guerra que no tenía nada que ver con él. Pero, al final. Mahdi alcanzó la paz y la tranquilidad tanto tiempo anhelada..esa paz que le había sido prometida.
Días después EEUU no condena la acción de Israel porque se trata de un error técnico. Su acción choca frontalmente con la de la ONU que sí quiere condenar la matanza. Pero hoy en día la vida de las personas no vale nada, y casi una familia entera puede perecer bajo un "error" de precisión. Pero ya nadie puede devolverles la vida a ellos, y a tantos otros inocentes que mueren en las guerras... Así somos los seres humanos, y así dejamos de ser... ¡¡Un error!!


Teresa dijo
Me ha gustado mucho. El que hayas elegido a un personaje concreto para contar una historia lo hace más interesante.
13 Noviembre 2006 | 12:14 PM