A veces, al leer un libro, sentimos una complicidad especial con el autor que convierte cada una de sus frases en una dedicatoria exclusiva. Son esos títulos que siempre recordamos, esos personajes que podrían haber llevado nuestros nombres...

El Lobo Estepario, magistral novela de Hermann Hesse, es una de esas lecturas memorables, un alegato contra la cordura donde lo onírico transgrede la realidad continuamente y el humorismo se revela con toda su fuerza salvadora.

Su protagonista, Harry, es un bohemio perspicaz y taciturno, un hombre atrapado en la Alemania de entreguerras que se debate con los caducos valores burgueses de una sociedad a la que adora tanto como aborrece. En su mente libra una silenciosa batalla contra sí mismo: por un lado querría desatar sus impulsos de toda norma, por otro desea una existencia tranquila y equilibrada que se acomode a las convenciones humanas. Ese conflicto interior lo agota; Harry no quiere conformarse con una vida mezquina, pero teme que la búsqueda de la plenitud aboque en la locura.

Cuando ya no espera ninguna respuesta cae en sus manos el "Tratado del lobo estepario", de sus páginas recibe, como una epifanía, su propia semblaza. Harry emprenderá entonces un viaje hacia el autoconocimiento lleno de peligros y contratiempos. En su camino se encontrará con Armanda, una misteriosa joven de la que se enamora y que, al igual que la Beatríz dantesca, será la guía de su ascenso espiritual.

En este libro Hesse plantea la posibilidad de una redención sin dioses ni soluciones metafísicas, al margen de ideologías y propuestas sectarias. "El lobo estepario" no pierde su actualidad porque hoy, más que nunca, somos partícipes de la zozobra de su autor. Nuestra generación, paralizada por el desaliento y el escepticismo, puede encontrar en él una salida a su atolladero nihilista. Os recomiendo mucho su lectura, pero con un requisito:

"Sólo para locos"

Estáis advertidos.