¿Quién teme a Google?

El problema de algunas instituciones es que a veces prosperan tanto que olvidamos su origen humano y a las personas que las controlan. No debemos olvidar que ningún organismo, por mucho poder que tenga, puede subsistir por sí solo. Si lo hacemos enseguida nos acomete un temor reverente parecido al que suscitan las fuerzas de la naturaleza.
No creo que Google sea un monstruo, pensamientos así suelen ser producto de una imaginación excitada por el miedo. A los niños las sombras nocturnas se les antojan fantasmas, a nosotros nos parece que Google tiene vida propia. Nos asusta porque pensamos que ha perdido su humanidad primitiva y puede volverse en contra nuestra.
El cometido de Google consiste en procurarnos información de manera cómoda y rápida, no sólo lo cumple satisfactoriamente, sino además de forma gratuita (pues se subvenciona gracias a la publicidad); no contento con eso también ofrece otras prestaciones, como un examen detallado de la superficie terrestre y un servicio de estadísticas. Mientras permanezca fiel al objetivo que justifica su existencia podemos sentirnos seguros.
Google, como cualquier empresa, pretende obtener beneficios, pero sería un problema que en su orden de prioridades el lucro desplazase al interés por satisfacer las demandas de sus usuarios (porque lo cierto es que éste buscador desempeña una importante labor social). Si esto ocurre cualquier operación, con tal de ser rentable, estaría justificada. Google podría entonces, según sus intereses, marginar o restringir el acceso a ciertas informaciones. En tal caso, espero, depositaríamos nuestra confianza en alguna otra compañía.
Claro que primero habría que enterarse.

