¿Hemos creado un monstruo?

Por supuesto. Google es el mayor monstruo fruto de esta sociedad globalizada, el segundo puesto de la lista lo ocupa Ikea.
Es aún mayor porque su monopolio traspasa la puerta de nuestros hogares. Google es la gran ventana que tenemos para mirar al mundo. A través de él podemos conocerlo casi todo. ¿El problema? El de siempre: la información que encontramos, está seleccionada por alguien. Lo que no está en Google, parece que no existe. Por eso, ante la gran trascendencia metafísica de esta premisa, todos nos lanzamos a escribir blogs. Queremos formar parte del mundo, y nos conformamos con aparecer, por lo menos, en la página diez de resultados si alguien pone nuestro nombre en el buscador.
Los usuarios traspasamos las fronteras a través de este túnel, olvidando que también para él existen límites de espacio y de tiempo. Que a pesar del gran monstruo que es, no es capaz de mostrar lo mejor, ni lo más interesante. Que no siempre es eficaz, que puede que nos manipule. Pero mientras demandemos información y la gran empresa pueda proporcionarla, seguirá creciendo. Desde siempre, la información que recibimos está mediada. El inconvenienre se da cuando el mediador es uno. Nos encontramos, sin duda, ante una dictadura de la información, pero disfrazada de servicio al consumidor.

