...Y se quedó ciega...
Parece ser que la justicia está de enhorabuena. Recién salido del horno, ha llegado a nuestras puertas el nuevo Código Penalque será discutido, dentro de poco tiempo, en las Cortes. Todos los españoles estamos deberíamos estar contentos con las nuevas penas y restricciones que éste artículo trae consigo.
De hecho, plantea situaciones muy curiosas y divertidas que trataré de mostrar para que se vea donde queda la ley y la justicia. En primer lugar quiero llamar la atención sobre la siguiente frase de nuestra ministra: "Se trata de una ambiciosa reforma, a todas luces necesaria, para combatir de manera eficaz las nuevas formas de delitos y la manera de operar de los nuevos delincuentes". Pues bien, ciertamente, la parte legislativa en una comunidad política es muy importante y, evidentemente, debe recoger buena parte de los delitos y sus respectivas penas. Sin embargo, el ser humano somos capaces de realizar un número infinito de nuevas acciones, es decir,somos capaces, de igual forma, de cometer infinitos nuevos delitos. Por lo tanto, la concepción de "justicia" que el Estado español maneja provoca que otros actos concretos no queden amparados bajo el código penal.
Me explico: si las leyes punitivas son demasiado concretas sucede que, tal concreción, provoca que un juez no sepa cómo actuar ante un caso concreto no recogido en ninguna ley. Por el contrario sucede lo mismo, el problema también se nos presenta cuando las leyes son demasiado generales, pero ya no en virtud de éstas, sino por causa de los jueces. En estos casos, los administradores de la justicia deben apelar a su juicio (de ahí el nombre) para aplicar justicia de la forma más adecuada. Por eso, una ley tan concreta provoca, a la larga, falta de juicio. Es necesario concretar qué se castiga y cómo se castiga, pero no se debe legislar cada nuevo acto concreto. Dejemos que nuestros jueces apelen a su juicio y juzguen apelando al sentido común.
Por otro lado, es curioso ver cómo el actual Estado, evidentemente neutro ante posturas éticas y morales, es capaz de "tipificar la manipulación genética para la clonación de seres humanos" pero despenaliza, a su vez, "la fecundación de óvulos humanos con fines distintos a la procreación, como por ejemplo la investigación". Es curioso, ciertamente, asistir a semejante contradicción en los términos. La investigación no es clonación, pero todos los procesos de investigación tienen procesos de clonación. Aunque, ¡qué más nos dará! Dejamos fecundar un óvulo para el desarrollo de las investigaciones-creamos seres humanos para un fin que no es la vida-. Pero, por el contrario, no dejamos que los investigadores engañen a un óvulo con las células pluripotentes de otro ser humano adulto para investigar, porque sería... ¡Una clonación...! ¿¡No Sobran las palabras!? ¿Cómo un estado que se declara neutro en sus decisiones políticas permite o deja de permitir algo?
Finalmente, no me puedo resistir a mostrarles una de las noticias más macabras de esta semana. Resulta que un conductor fue detenido por conducir bajo los efectos del alcohol, es decir, cuadruplicaba la tasa permitida. Pues bien, nuestro querido conductor no ha sido "castigado" al aducir falta de pruebas, ya que no se comprobó su pericia al volante bajo los efectos de 1'16 mg de alcohol por litro de aire expirado. Es decir, nuestro amigo llevaba 2 gramos de alcohol por cada litro de sangre.
Con todo, asistimos atónitos a las palabras de nuestra ministra al responder ante este hecho: "Tienen que saber [los ciudadanos] que conducir bajo los efectos del alcohol es desde luego una temeridad en grado superlativo, pero además es un delito en España y en casi todos los países del mundo", pero antes de eso había manifestado que "no se puede conducir bajo los efectos del alcohol y el que conduzca será perseguido con la ley en la mano".
Ante todo esto solo nos queda suspirar, amargamente resignados, y seguir viendo cómo el sistema legislativo sigue su viaje hacia las profundidades del sin sentido. Pero bueno, ¿acaso podemos esperar algo mejor?

