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La lechuza

...El ave de Minerva alza su vuelo al atardecer... (Una visón crítica de la sociedad Contemporánea)

13 Enero 2007

¿Y ahora qué?


Se dice que el orgullo humano se ha llevado tres grandes varapalos: el primero lo propinó Copérnico con su toría heliocéntrica. Hasta entonces la Tierra había sido el centro indiscutible de todo el universo conocido; embebidos que estábamos de aquella soberbia astronómica la idea de que nuestro planeta ocupaba una posición excéntrica era descorazonadora, tanto que la nueva cosmovisión fue rápidamente demonizada. El segundo golpe vino a darlo Darwin al demostrar el verdadero origen de las especies. El homo sapiens, según su obra magna, resultaba ser uno de tantos productos del devenir biológico, azaroso y ciego, que llamamos evolución. Pero, por lo visto, sabernos criaturas de Dios resulta más confortante que aceptar nuestra subordinación a la inmisericorde vorágine de la supervivencia. La reacción contra el evolucionismo, como cabía esperar, fue muy dura, y a Darwin no le faltaron enemigos durante el resto de sus días. Luego vino Freud, y arremetió contra la conciencia, el principal subterfugio de la libertad, así, toda su obra se aplica en demostrar que el "yo" no es más que una frágil balsa sobre el turbulento subconsciente. Y por si fuera poco ahora llegan los neurofisiólogos asegurando que aquello que llamamos alma o sujeto no es más que un entramado de complejas relaciones neuronales que necesariamente se sustenta en un cerebro vivo, y no solo eso, también argumentan que lo que se conoce como bien común no es más que una imagen idealizada del bien propio.

La ciencia presenta pruebas, hipotéticamente irrefutables, que dan por tierra con nuestras grandes esperanzas. Somos mortales, sí, pero es que ni siquiera nos queda el altruismo o una supuesta voluntad desinteresada para consolarnos. Tampoco podemos mirar a los demás animales por encima del hombro, como solíamos, ni contemplar las estrellas con confianza. Si acaso aún nos quedase la libertad, o el amparo divino... pero también han sido desmentidos. Todos somos testigos, y víctimas, de los estragos que provoca el materialismo vulgar y ese relativismo superficial propugnado por perezosos mentales y cenizos, pero también podemos escuchar las voces, todavía ilusionadas, de muchos hombres y mujeres que, dispuestos a levantar ideales nuevos, se preguntan: ¿Y ahora qué?

A la raza humana nunca le han faltado razones para el optimismo, hoy no va a ser menos. Siempre ha habido quienes, en medio de terribles apagones existenciales, han sabido encontrar una luz nueva hacia la que guiar a sus semejantes. Desde luego, siempre es más facil sentarse y lloriquear esperando a que alguien la encienda, pero eso no arregla nada. Debemos aceptar que los valores son mutables, y que nosotros nos transformamos con ellos, la resitencia al cambio, que en definitiva no es más que miedo a lo desconocido, no justifica la desesperanza. "La suerte es de los audaces", decía un famoso latino cuyo nombre no recuerdo. Es cierto: la humanidad avanza cuando confía los pasos a sus exploradores, no sólo a aquellos que abren nuevas rutas espaciales, también a quienes se aventuran a cruzar las fronteras del saber y la moral. Lo que hoy sabemos de nosotros mismos es el legado de esos seres excepcionales, y de otros que supieron consolidarlo y transmitirlo, es el resultado de un proceso accidentado y a menudo sangriento, no debemos despreciarlo. Sobran prejuicios timoratos a la hora juzgar el nuevo conocimiento, un conocimiento que, por otra parte, posee raices inveteradas. Atrevámonos de una vez a ser honestos.

El verdadero reto consiste en integrar socialmente lo que sabemos sin perjudicar nuestras prácticas comunes y las instituciones que de ellas se derivan. Si bien ciertas creencias, hoy renqueantes, contribuyeron a apuntalarlas, no hay por qué temer que se desplomen sin su apoyo. Fueron necesarias, sí, para levantar el mundo que conocemos, pero ahora éste bascula sobre su propio eje, ¿por qué íbamos a necesitarlas? Ante esta sola idea es muy común que se desate el temor de quienes no sabrían prescindir de ellas, y el resultado es de sobra conocido: el fanatismo. Por ejemplo, hay quien está convencido de que abolidos Dios, su perdón y su pecado, el hombre se convierte en un ser miserable que pierde para siempre el norte de su vida. ¿Pero acaso no sabemos encontrar nuevos horizontes?

Ésta, creo yo, debe ser la labor conjunta de científicos y filósofos: encajar el golpe, revalorizar lo humano. No podemos permitir que se salgan con la suya quienes aseguran, a fuerza de miedo, que el precio del autoconocimiento es nuestra dignidad.

servido por editores 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Mark911

Mark911 dijo

Muy buen texto, me ha gustado mucho. Lo que no entiendo es por qué los materialistas son unos perezosos y unos cenizos. Entiendo que pueda no gustar el cinismo de algunos relativistas, pero los materialistas, ¿qué han hecho los materialistas?
Por otra parte, me hace gracia que se les llame despectivamente "reduccionistas", no será que algunos son "ampliacionistas" e "inventivistas"...

14 Enero 2007 | 02:59 AM

Rafa

Rafa dijo

Digo materialismo "vulgar", Mark, no materilaismo a secas. Con eso me refieo a aquellos que reducen todo a lo mismo. La materia es sólo un sustrato al que no debemos reducir el rico universo humano. No me gusta que me conviertan en una simple variable, eso es todo.
Gracias por tu comentario.

14 Enero 2007 | 11:15 PM

Borja

Borja dijo

Di que sí...!! :P

15 Enero 2007 | 11:29 PM

Ramón

Ramón dijo

Bueno, a mí no me gusta que me digan que voy a terminar muriendo de hambre porque estudio filosofía, pero es verdad, que no te guste algo no implica que no sea verdad.

16 Enero 2007 | 11:59 AM

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Pamplona, España
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La lechuza se eleva sobre las copas de los árboles mientras la noche se extiende bajo sus alas. Sus penetrantes ojos, a salvo ya de los fulgores del sol, son capaces de apreciar el paisaje en su conjunto. No hay detalle que escape a su mirada. En este blog se busca una "visión de altura" de la sociedad y la cultura en la que vivimos para profundizar mejor en sus problemas. Os invitamos a que ascendáis con nosotros...

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