AL PUEBLO PAN Y CIRCO
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Me contaba hace unos meses una amiga, que una conocida cadena de televisión les había pedido, a ella y a su equipo, que dieran forma a un nuevo reality. El argumento era novedoso, con grandes dosis de “realidad” corrosiva y auguraba una nueva etapa de reality shows muchísimo peor que la presente. La joya en cuestión tenía el tormentoso objetivo de reunir a un violador y a su víctima con el fin de que se enfrentaran en plató, en vivo y en directo. Así que pese a esta espantosa idea que se le había ocurrido a alguna mente brillante ávida de audiencia, tuvieron que idear el programa entero, con simulación de la violación incluída que, por supuesto, no podía faltar. Pues claro está, mejor que la pobre chica recuerde aquel día y entre sollozos le implore a su agresor un por qué, entre algún que otro insulto ahogado por el llanto y ante la impasible mirada del culpable. Además, hay que enseñárselo todo a los espectadores para que conozcan las cosas como son. La tele se debe a su público fiel. Por suerte el programa no llegó a emitirse. Supongo que más que por un arrebato de moralidad de sus productores, fue porque creyeron que la audiencia no estaba preparada para algo tan escabroso. Demasiado pronto. Que a unos directivos de televisión se les ocurra semejante barbaridad ya es de por sí para dejarle a uno la boca abierta durante un buen tiempo, pero lo que más que asustar, espanta, es que quizá no estemos tan lejos de permitir un reality de este tipo. Me imagino a los espectadores llegando a casa después de una dura jornada para cenar unos huevos fritos tranquilamente viendo Violador-violada, el cara a cara, después del telediario y justo antes de Buenafuente. Y por la mañana comentarlo en el desayuno junto con la independencia de Kósovo, los árboles de Rajoy o la tensión de ZP. El constante bombardeo de imágenes de todo tipo nos está embruteciendo poco a poco y el todo vale puede que aún no sea del todo real, visto el ejemplo de este reality, pero poco nos queda. Así que sí, la televisión esta atrapada del todo en el hechizo audiovisual, solo que pese a lo literario del título, sería más apropiado decir que padece una enfermedad degenerativa de embrutecimiento puro y duro. Las imágenes son eso, imágenes cerradas que dejan poco espacio a la imaginación del televidente. La televisión debería utilizarlas para formar, pero ha degradado hasta tal punto el medio audiovisual que en vez de eso, deforma nuestras mentes. Hemos caído en un tonto sopor que nos acompaña todo el día. Vamos al trabajo, al colegio, a la universidad, como si estuviésemos despiertos, pero no estamos despejados. La caja tonta nos ha contagiado su deficiencia. Así, ya no vemos personas, sino personajes, no escuchamos historias, sino sucesos escabrosos, no asistimos a debates, sino a discusiones gritonas y absurdas. Fama no parece un concurso de baile, sino una academia para gogós de bar de alterne; las series de televisión para adolescentes, han sido sustituidas por las historias de un instituto en el que sus alumnos, a base de gastarse el dinero en drogas y condones, se han debido quedar sin presupuesto para ropa y llevan la misma talla que cuando andaban por el parbulario. Además de tener casi la misma inteligencia que cuando andaban por allí, por cierto. Y así, caminando, se va haciendo el camino. Cada vez un poquito más de sexo, cada vez más violencia, cada vez más gritos e insultos, cada vez más historias sobre famosillos y sus avatares. Y cada vez menos debate, menos cultura, menos política, menos documentales, menos historias que merezca la pena conocer. Así se va haciendo el camino para que algún día un reality sobre violaciones sea un éxito en la historia de las audiencias, de la economía. Cada vez más números y menos humanidad. Y así, paso a paso, nuestro mundo se va reduciendo cada vez más, dejándonos atrapados en una realidad sesgada, manipulada y en muchos casos nociva, que pivota en torno a un interés, como bien dice el texto de José A. García Avilés, que no se debe al conocimiento y a al verdad, si no a las estadísticas y a los números. Le estamos vendiendo nuestra alma a una economía fría y distante, que nada sabe de cultivar el espíritu. La televisión está enferma, pero nosotros también. Estamos enfermos de palurdismo y paulatino embrutecimiento. Y somos nosotros, los tan anhelados televidentes, los que más tenemos que perder. Porque los directores y productores solo buscan llenarse los bolsillos y ya tienen la fórmula perfecta. Al pueblo, ya se sabe, pan y circo. |


pèdro dijo
excelente comentario. por que so se lo leen en la cara a la porqueria de persona q es LAURA BOZZO, esa mierda que se hace millonaria con la desgracia y circo del pueblo peruano.
14 Marzo 2009 | 04:51 PM